Águila Roja

Análisis del final: ‘Águila Roja’ volvió a sus orígenes en sus últimos capítulos


El pasado jueves 27 de octubre llegó a su fin ‘Águila Roja’. Tras 116 capítulos a sus espaldas, llegó a su fin una de las mejores series de Globomedia- con permiso de ‘Policías en el corazón de la calle’. Un final muy fiel a los orígenes de lo que ha sido esta genial serie de aventuras, este genial cómic español sobre un ninja en pleno Siglo de Oro Español.

¿Cómo ha sido su última temporada? Como señalé en un artículo de hace unos meses, ha llegado con  serios altibajos, pero ha conseguido remontar en sus últimos tres – cuatro capítulos.

A pesar de no llegar a entender ciertas cosas como el súbito cambio de actitud de Hernán hacia su hermano Gonzalo -pasó de querer recuperar el amor de su hermano a odiarlo y desear su muerte— o de no entender la hecatombe en la relación de la pareja del lado oscuro: Hernán – Lucrecia.

Y sobre todo de no entender el hecho de no desarrollar la escena del momento en que Hernán descubre que él ha matado a su madre. A pesar de esos errores, los últimos cuatro capítulos han recobrado la esencia de lo que era esta serie: la amistad sin límites y sin condiciones, esa amistad que lleva al pobre Cipri a morir por salvar a su amigo Gonzalo. Volver a recuperar el lazo de unión de los personajes: Hernán y Lucrecia unidos contra viento y marea para conseguir el trono e incluso con un Hernán desesperado cuando ve que puede perder a Lucrecia tras un pequeño quiebre de su salud -algo que superó de un capi a otro-.

Pero sobre todo, con esos pequeños guiños que han introducido en sus últimos capítulos: escuchar de nuevo la música de la canción de Margarita cuando Alonso -casi un hijo para su querida tía- la recuerda y decide que no quiere huir sin volver a verla porque huir significa perderla. Y él ya ha perdido una madre, no desea perder a una segunda.

Esa escena entre Cipri y Alonso, nos volvió a sumergir en aquella época dorada en la que la serie estaba en todo su esplendor y la relación entre tía y sobrino era inquebrantable. Una relación que ha sido una de las más bellas de la serie porque ambos -casi madre e hijo- se quisieron antes incluso de conocerse. Y él, su niño, fue la persona que la trajo a la villa al comienzo de la serie.

Esa vuelta a los orígenes también se vislumbró en los últimos capítulos cuando Gonzalo se acerca a la cabaña donde vive Margarita. Esa emoción de Gonzalo por volver a verla y esos preciosos flashbacks de los últimos momentos que vivieron juntos, esos momentos nos retrotraían a tiempos pasados en los que Margarita volvía a la villa y se encontraba con el rechazo de Gonzalo. Antes era ella la que sufría, ahora era él quien estaba sufriendo, esta vez por no poder tenerla a su lado.

El relleno de la serie, la parte negativa de la última temporada

Pero no todo ha sido maravilloso en estos últimos capítulos, la parte negativa ha sido el relleno: la trama de los pescaderos y de Anäis. Tras toda una temporada ninguno de estos personajes ha tenido una gran importancia en el final de la serie. Los pescaderos han estado casi toda una temporada para darle una nieta a Lucrecia, pero luego desaparecieron en el último capítulo sin poder saber si recuperaron a su nieta o si por el contrario la marquesa se la llevó con ella en su “destierro”.

Y en el caso de Anáis, es cierto que tiene cierta importancia por ser la causante de la hecatombe de la vida de Gonzalo, por ser la causante de que se descubra su identidad, pero más allá de ese hecho, su trama ha sido totalmente de relleno y no se ha convertido en un personaje interesante, ni tan siquiera ha servido para mostrar la dureza de la vida de las prostitutas. Es posible que sobre el papel o a la hora de concebir el personaje pudiera parecer interesante, pero por desgracia a la hora de plasmarlo no han conseguido que llegara ni su dolor al delatar a Gonzalo, ni ninguno de los problemas a los que ha tenido que enfrentarse por ser prostituta.

A la hora de la verdad, no resiste la comparación con Estuarda– uno de los mejores personajes que han pasado por ‘Águila Roja’. Lo más parecido que hay al personaje de Anáis en el mundo antiguo son las conocidas “hetairas” (con las que tuve un primer contacto en el libro “la curandera de Atenas, o unos pequeños destellos en la trilogía de Escipión de Santiago Posteguillo).

Las hetairas eran unas “prostitutas” cultas: preparadas especialmente en música y danza.  El mejor ejemplo de este grupo social lo encontramos en Aspasia de Mileto. Pero Anáis se aleja mucho de este tipo de personajes y por ende el único fin de introducir a este personaje en la última temporada era el de que fuera alguien ajeno quien traicionase la confianza del héroe.

Hemos tenido que aprender a despedirnos en los últimos capítulos

En estos últimos capítulos, como bien decía al principio de temporada: nos ha tocado aprender a despedirnos, a aprender a decir adiós a varios personajes. Primero, con la llegada de los chinos, tuvimos una preciosa escena para despedir al equipo que posibilita el doblaje de las escenas de acción.

Posteriormente, y tras haber sido descubierta la identidad del héroe- tuvimos que despedirnos de la guarida: el hogar del héroe, y soportar una de las escenas más duras: el eje del mal- Hernán, Lucrecia y el cardenal Mendoza- en la casa y santuario del héroe. Tuvimos que decir adiós a volver a ver a Gonzalo cambiándose en la guarida o simplemente decir adiós a las caras de sorpresa y de asombro de Alonso y Margarita al pisar por primera vez el santuario del héroe.

Afortunadamente, pudimos volver de nuevo a esas primeras temporadas donde el espíritu y el calor del hogar estaban tan presentes. Esos momentos de calidez quedaron representados: en la admiración de Alonso al descubrir que su padre era su admirado Águila Roja y en esa petición de perdón de Alonso hacia su querido padre por haber durado de él. Todos los que desde nuestro televisor quedamos reflejados en el llanto de Satur- maravillosamente interpretado por Javier Gutiérrez-.

No sólo Satur fue nuestro particular Lazarillo, también Malasangre– el mejor personaje de estas dos últimas temporadas- se convirtió en nuestro mejor aliado queriendo salvar al héroe de su particular destino. Primero vistiéndose de ‘Águila Roja’- un recurso que nos volvió a recordar tiempo pasados- o incluso cuando acudió en plan suicida a la ejecución de Gonzalo para evitar su muerte.

Nunca un personaje que ha llegado casi al final de una serie ha aportado tanto a ella, ni se ha ganado en tan poco tiempo el cariño de los fans. Ojalá volvamos a disfrutar pronto del talento de Eusebio Poncela en próximos trabajos. Su Malasangre ha sido un soplo de aire fresco en estas dos últimas temporadas.

Se acerca el desenlace, muy pronto en La 1

Pero no sólo hemos llorado la muerte de Malasangre, también las de Cipri y Minero. Este último nos regaló una de las escenas más bellas de la serie cuando acude con su amo a rescatar a Alonso. Esa escena de él entrando con el humo. Es una de las secuencias más bellas que he visto en una serie de televisión.

El fiel compañero del héroe, fue fiel hasta el final: llegando a morir por tratar de salvarle la vida. Todo un homenaje su muerte a todos esos animales que han nutrido de aventuras a la serie. Su muerte junto con el desembozo- del capítulo anterior- nos dejaron entrever que llegaba la hora de decir adiós, que era la hora de la despedida. Los símbolos del héroe- esos que nos han acompañado durante 9 temporadas- se iban, para tristeza de sus muchos seguidores.

El regreso de Margarita

Afortunadamente no sólo tuvimos que despedirnos de nuestros queridos personajes, también asistimos al regreso de Margarita. Un regreso que a su vez nos volvía a traer de vuelta al primer capítulo de ‘Águila Roja’. Margarita regresa en el último capítulo a la villa, igual que regresó en el primer capítulo de la serie. Su regreso nos indicaba que era el momento de cerrar el círculo. E incluso su primera escena del capítulo nos trae a la memoria una de sus primeras escenas  en la serie: es atropellada tanto en el segundo capítulo de la serie como en este capítulo final por el carruaje en el que viajaba Lucrecia.

Una pena que esta vez no sea Catalina quien la atienda ya que desgraciadamente Catalina murió en la anterior temporada. Y tanto en el primer capítulo como en éste último, cuando se acerca a la villa en carro, el señor que la acerca le pregunta si quiere que le deje un poco más adelante a lo que ella responde que no.

En este último capítulo  no regresa esa Margarita de las últimas temporadas, esta vez regresa esa Margarita: dulce, serena y valiente: capaz de plantarle cara a la marquesa y decirle las verdades a la cara- sublimes Inma Cuesta y Miryam Gallego en esa secuencia- como de ser incapaz de traicionar a Gonzalo- algo que la diferencia claramente de Anáis- al dudar del bando en que está situado Malansagre.

Mientras tiene que asimilar el hecho de saber que Gonzalo es Águila roja. Un momento que aprovecharon para volvernos a recordar, con unos preciosos flashbacks, los momentos mágicos de la serie: los momentos en que Gonzalo y su alter ego, protegían de Margarita. Pero si hubo algo que falló en el regreso de Margarita es la ausencia de escenas o conversaciones con su sobrino Alonso, personaje al que le une una relación muy especial, y que ha sido la persona que más la ha tenido presente.

¿No podrían haber hablado cuando regresa a su casita o haberse acercado a tranquilizar al chiquillo, o tal vez haber mostrado un abrazo entre ellos cuando Satur y Alonso encuentran a Margarita y Gonzalo tras “huir” juntos de la ejecución.

La serie vuelve a sus orígenes en la recta final

Mientras en la prisión Gonzalo descubre que Margarita está embarazada y que él es el padre. Brillante secuencia entre Javier Gutiérrez y David Janer, un momento en el que Satur- que vuelve a ser Satur tras una temporada arremetiendo contra el pobre Cipriano- se arrepiente de haber dudado de la castidad y el honor de Margarita e incluso se arrepiente de haber tratado mal a Cipri.

Y es aquí cuando la serie vuelve a sus orígenes de nuevo, al devolvernos esa ternura y esos momentos de soledad de los personajes. Y como en todo cómic que se precie, el héroe tiene que acabar escapando. En este caso escapa gracias a esos superpoderes, esos que aceptamos en todos los cómics y en todas las series de aventuras que se precien de serlo, que le van a llevar a romper las cadenas y escapar junto a Satur para reunirse con su hijo en la cabaña de Margarita- todo un homenaje a ‘Blancanieves y los siete enanitos’ por el lugar en el que se encuentra la cabaña.

Pero no sólo el héroe tiene superpoderes, también algunos personajes los tienen: Hernán y Satur se recuperan instantáneamente de sus heridas- algo que es totalmente válido y que aceptamos desde el mismo momento en que nos sumergimos en el mundo de ‘Águila Roja’-.

Si Hernán se recupera en tiempo récord de la herida del cuello realizada por la marquesa- esa mujer que siempre golpea primero antes de que la golpeen a ella-, también Satur se recupera pronto de la herida de bala causada por Alonso.

Esa resurrección de Satur, con guiño incluido a Harry Potter, nos devolvió de nuevo a nuestro Satrur, un hombre que se arrepiente de lo mal que ha tratado a Cipri últimamente y del cual consigue su perdón. Una lástima que en ese momento no estuviera en el cielo Catalina con él. Yo quiero pensar que una vez muerto Cipri se reunió en ese cielo con su amada Catalina y por fin ambos pueden ser felices.

Cuando todo parece perdido, y pensamos que Gonzalo no se reencontrará con margarita en la cabaña, e incluso sentimos la desazón del héroe por tener que irse sin verla, ella aparece en escena. Y de nuevo volvemos a la primera temporada.

Si en esa primera temporada era él quien era duro con ella, ahora es ella la que hace de tripas corazón y no puede escucharlo y se marcha. Entonces parecía que todo estaba perdido y que el final feliz nunca llegaría. Sobre todo, porque en ese momento llega Malasangre y destapa la caja de Pandora al revelar a Gonzalo que su padre fue el que estaba detrás de la muerte de su madre.

Si algo ha caracterizado a Gonzalo a lo largo de estas nueve temporadas es su ira, su falta de capacidad para controlar sus emociones.

En ese momento no piensa en Alonso, ni en Satur, ni en el hijo que espera con Margarita, en ese momento vuelve a ser Gonzalo: el que se convirtió en héroe para vengar la muerte de su mujer, sólo que en este caso quiere vengar la muerte de su madre. Pero al igual que le pasó en la primera temporada: es incapaz de concluir su venganza.

Si en la primera temporada es incapaz de matar a su hermano, en este caso es incapaz de matar a su padre. Él no es un asesino- algo que le diferencia de Hernán: su hermano, quien le pide que acabe con él. Pero él decide no hacerlo, porque está seguro que a su madre y a su hermana- preciosos los flashbacks recordándolas- no habrían deseado que se convirtiera en un asesino.

Preciosos esos flashbacks, que volvieron a recuperar la esencia de la serie, esos primeros capítulos donde la trama orígenes era el núcleo fundamental de la serie y que por desgracia se fue perdiendo paulatinamente conforme Águila Roja se fue alargando.

Desgraciadamente no ha habido ninguna conversación entre Irene y Gonzalo sabiéndose hermanos, ni ha habido una trama de investigación potente de los orígenes esta temporada y por desgracia ha habido pocas escenas de los hermanos en estas últimas temporadas.

Y todo ello a pesar de que David Janer y Francis Lorenzo lo han dado todo cada vez que ambos coincidían en escena, y teniendo una química apabullante juntos. Han tenido demasiado liado a Hernán tratando de convertirse en rey- con escenita de corona de Burger King que parecía sacada de Galavant en vez de ser una escena de ‘Águila Roja’- en vez de profundizar en la trama orígenes e incluso en acercar a los hermanos.

  

Hernán dejó de tratar de ganarse la redención- que fue el hilo de la octava temporada– para volverse loco por el trono y llegar a tratar de destruir a Lucrecia. Afortunadamente en el último capítulo renació el Hernán incapaz de matar a la marquesa cuando descubre que sus socios la quieren muerta.

Y esa redención llegó también a la pareja oscura, llevando al darkside a renacer de sus cenizas: recuperando a una Lucrecia que devuelve el golpe a Hernán: desvelando la traición que éste prepara, pero al mismo tiempo incapaz de matarlo y de vivir sin él. Ella se convirtió en la salvadora del hombre al que de verdad ha amado– corramos un tupido velo a esa obsesión enfermiza por Gonzalo, que la convertía en todo una psicópata y que ha dominado las 3 últimas temporadas de ‘Águila Roja- evitando que lo maten y llegando a huir con él: renunciando a sus riquezas.

Ellos nunca se dirán te quiero o te amo, ellos, como en todas sus secuencias míticas– prefieren decirse: “Te odio tanto, que me voy contigo”. “Te odio tanto, que dejo que vengas”. Un último diálogo que resume perfectamente lo que ha sido su relación. Un amor y un odio tan intenso, que les ha llevado a querer destruirse mutuamente, pero conscientes de que ninguno de los dos podría vivir el uno sin el otro.

Una pena que no hayamos podido ver a Nuño en estos últimos capítulos. ¿Heredará él o tal vez su hija el marquesado de Santillana? Nunca lo sabremos, pero yo quiero creer que él heredará todo. A pesar de que su padre y su madr5e lo han tenido bastante olvidado esta temporada.

  

Y en el momento de la ejecución de Hernán y Gonzalo volvimos a recuperar a aquella Margarita valiente y decidida. Aquella Margarita capaz de coger un caballo y escapar con el niño de sus ojos: Alonso para protegerlo de la ira del comisario.

Esta vez no coge el caballo para proteger a su querido Alonso, esta vez coge un caballo para salvar a su otro niño: al amor de su vida, de un destino que no se merece. Y al igual que ocurrió en las primeras temporadas, ambos huyen en caballo. Pero esta vez Gonzalo no sólo le agradecerá lo que ha hecho, también le pedirá que huya con él. Y en esa conversación volvemos la vista atrás para volver a recordar escenas del pasado: esta vez el primer beso de Margarita y Águila.

Margarita le repite a Gonzalo, lo mismo que dijo cuando Águila la besó por primera vez: “no he podido olvidarte”. Esta vez cerramos el círculo: Esta vez Gonzalo no va a huir sólo– que fue lo que le ocurrió cuando mató al noble y tuvo que huir sólo, son Margarita- esta vez huye con su gente: con Alonso, con Margarita y Satur y sobre todo con el hijo que viene en camino.

  

Pero antes de finalizar, Satur nos recuerda lo más importante: no ha habido boda, y para evitar males mayores decide que antes de huir deben de casarse. Se casan en una boda como es toda la historia de amor de ellos dos: sobria, sencilla, llena de amor, en la que están los seres que ellos dos más quieren: Satur y Alonso, con él vestido de Águila Roja- símbolo de que ya no hay secretos entre ellos-, y con ella llevando una capa roja: claro homenaje al héroe.

Y a partir de ahí huyen hacia la luz. Esa luz que nos vislumbra lo que les espera: felicidad. Ellos no necesitan riquezas para ser felices porque ya tienen lo que más quieren: se tienen asimismo para ser felices. El círculo se ha cerrado: si la serie empezó mostrándonos la causa por la que él se convirtió en héroe: la muerte del noble, su huida sólo tras la muerte de sus padres y la venganza por la muerte de Cristina, la serie acaba mostrándonos que tiene que volver a huir: esta vez por haber intentado matar a su padre, pero esta vez se marcha con sus seres queridos para empezar una vida mejor que la que deja atrás.

  

Un epílogo que muestra la base de la serie: la lucha entre el bien y el mal

Pero la serie no acaba en ese instante, sino que a continuación nos muestra un precioso epílogo de Satur, que nos recuerda la base de esta serie: la lucha entre el bien y el mal. Entre unos seres que siempre están ahí combatiendo las injusticias, tratando de ser felices – como hicieron Gonzalo, Margarita, Satur, Cipri y nuestra añorada Catalina- a pesar de los golpes que reciben cada día.

Ese legado de luchar y combatir las injusticias ha encontrado un testigo: el hijo de Gonzalo y Margarita. Este epílogo- que puede aplicarse a nuestro día a día- nos recuerda que cada época necesita un héroe. ¿Guiño a un posible spin-off? Puede ser, pero más bien resume perfectamente lo que ha sido esta serie: la lucha de unos personajes por salir adelante, por tratar de ser felices.

Una pena que ahora mismo, a diferencia de lo que ocurre en otros países, esta serie no tenga un heredero al que dejarle su legado. Por desgracia no hay otra serie de superhéroes tipo cómic. A pesar del tiempo pasado desde su estreno, ‘Águila Roja’ continúa siendo una pionera en su género, una serie que marcó una época y que nos recuerda que a veces, o casi siempre, arriesgar y romper el molde de lo habitual en nuestra ficción tiene su recompensa.

No queda más que agradecer a todo el elenco de la serie, figurinistas, equipo creativo: guión, dialoguistas, equipo de producción, de vestuario, directores, y a todos los que han posibilitado que esta ficción saliese adelante durante siete años. A todos ellos gracias, y esperamos vuestro próximo proyecto.

Y ojalá pudiésemos seguir las andanzas y aventuras de estos personajes, aunque fuera en cómic- cómo pasó con Embrujadas-. Va a costar acostumbrarse a no sentarse los jueves para ver nuevos capítulos y saber qué futuro les depara a cada personaje en su nueva vida.

Comenta y reacciona más abajo, ¡queremos saber qué te ha parecido!