Águila Roja

El plató más grande de España: los escenarios naturales de “Águila Roja”


El universo de «Águila Roja» no se entendería sin fastuosos castillos, solemnes monasterios, espesos bosques y tenebrosas celdas de castigo. Pero, ¿sabía que donde el héroe defiende España de los invasores es en realidad el castillo de Chinchón?, ¿o que el trono del rey, donde se traman toda clase de intrigas palaciegas, está rodado en el Alcázar de Segovia? La magia de la televisión, con ayuda de los directores de arte, hace que lugares separados por decenas de kilómetros se transformen en la pequeña villa madrileña del siglo XVII donde se desarrolla todo el universo de «Águila Roja».

Fernando González y Héctor G. Bertrand son los encargados de la dirección de arte de Globomedia, productora de la serie. Ambos deben localizar y transformar, por ejemplo, la bodega de la cartuja de Talamanca en las celdas donde el Comisario, Hernán Mejías, comete sus torturas. Unos metros más arriba, se instala el mercado o cadalso en el que han intentado quemar a Margarita, cortar el cuello al hijo de laMarquesa o colgar a Gonzalo.

«Buscamos lugares solemnes, que tengan poco adorno para que no se nos vaya a una época muy determinada», explica Bertrand, quien prefiere los entornos naturales que construir un decorado de corcho. «Aunque haya que retocarlos mucho, la piedra, la madera, los materiales en general de la época, le dan fuerza a la escena. Si fabricas el escenario de cero, necesitas una luz determinada para que el espectador no note nada y un trabajo mucho mayor en posproducción».

A pesar del dicho «ancha es Castilla» y aunque parezca fácil encontrar escenarios de este tipo en nuestro país, la tarea no es tan sencilla. La pobreza de los materiales de la «época dorada» española, que no han aguantado el paso del tiempo, y el hecho de que los escenarios se buscan en los alrededores de Madrid –por los costes que supone rodar más lejos– hace que a veces se tomen «licencias» y se elijan lugares de siglos posteriores.

Es el caso del escenario donde se recrearon los jardines de la Marquesa, donde interroga a sus criados o el lugar en el que Juan presentó a Margarita como su prometida. «En realidad, es una casa palacio que se ha construido sobre unas ruinas, pero data del siglo XIX. Tiene un aire mudéjar y sus jardines, con un estanque en el centro, encajan perfectamente con lo que queríamos mostrar». Como la mayoría de los edificios con solera, ha sufrido cambios a lo largo de los siglos, para adecuarse al estilo dominante de cada época. La función del equipo de arte es «vestir» las estancias como si el tiempo no hubiese pasado por ellas: desde armaduras y espadas a pendones y tapices.

Batman de su tiempo

«La época de la serie no es el siglo XVII, sino “Águila Roja” en sí misma. El espectador entiende que se trata de una ficción y Gonzalo es una especie de Batman de su tiempo. Otra cosa es que nosotros queramos darle un aire histórico», aclara el director de arte.

«Cuando lees un guión como escenógrafo, te fijas en los movimientos de personajes: cuántos hay, cuantos salen y entran, si es una escena de un banquete o una íntima… A partir de ahí, imaginas el escenario», explica Bertrand. Además, se tiene en cuenta la percepción del espectador y cómo hay que combinar interiores y exteriores: «En una serie de más de una hora por capítulo, después de salir de una celda, por ejemplo, el espectador necesita un respiro visual. Por eso hay tantas escenas en caminos, que son muy sanos. Alucino de la forma tan inteligente que se hace el guión en este aspecto».

Cada vez es más difícil conseguir rodar en espacios no artificiales. «La burocracia se ha complicado. Los edificios públicos están cada vez más protegidos, además de la cuestión económica, porque la crisis ha llegado a todos los sitios», comenta Bertrand. Aún así, han conseguido rodar varias escenas para los próximos capítulos en el Patio de los Reyes de San Lorenzo del Escorial. «Da rigor histórico, sobriedad y solemnidad. Hay muchas escenas grabadas en lugares históricos que apenas salen unos segundos. Si conseguimos que sean reconocibles, será mucho más fácil para el espectador».

Fotografia: VIRGINIA MARTÍN CHICO

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