Águila Roja

Inma Cuesta: “Ahora soy más descarada, y me gusta”


La actriz Inma Cuesta, que interpreta a nuestra querida Margarita en la exitosa serie de Globomedia Águila Roja, ha concedido una entrevista al diario La Razón donde habla de “Ay carmela” y de sus miedos e inseguridades.

  • Profesión: actriz.
  • Nació: en 1980, en Valencia.
  • Por qué está aquí: protagoniza «¡Ay, Carmela! Musical», en el teatro Reina Victoria (Madrid).
  • Amilibia.

«¡Ay, Carmela! Musical». ¿Ahora sabe más de nuestra Guerra Civil?

Ya hice un máster completo cuando rodé «La voz dormida». Ahora tengo una visión de cómo la vivieron los cómicos de entonces.

«Nada pueden las bombas donde sobra corazón», dice el anuncio.

Las bombas también destrozan corazones. Y países, vidas y mentalidades.

No sé qué tiene de Carmela…

Vitalidad, alegría, intuición, pasión, valentía… Y me ha descubierto el descaro que creía no tener. Ahora soy más descarada, y me gusta.

Ahí están las canciones populares de la época. «Ay, Carmela». ¿Quién le dice «¡ay, Inma!»?

Seguramente mi padre cuando me vea actuando. Me verá demasiado descarada.

«Yo te diré». ¿Tiene ganas de decir algo?

Muchas cosas a los responsables de que estemos como estamos.

«Pobrecito yo». ¿Se acuerda de cuando vendía ropa en una tienda mientras estudiaba?

Cómo no. Y me encantaba hacerlo. Vendía en la sección de caballeros. Se me daba bien la venta y doblaba pantalones y camisas como nadie.

¿Podría volver a hacerlo? O sea, ¿está preparada para volver a ser pobre?

Soy hormiguita ahorradora para no tener que volver a ser pobre. Sé que un día dejará de sonar el teléfono. Las rachas pasan.

«Que viene el coco». ¿Qué o quién es el coco para usted?

Para el teatro, el coco es el IVA.

«Suspiros de España». ¿Qué hace suspirar a España?

Más que de suspirar, España tiene ganas de gritar, creo. Gritar por la crisis, el paro, el miedo a perder el trabajo, los recortes, los desahucios…

«O sole mío». ¿Es un sol de mujer?

Eso me decía mi madre, pero yo soy más bien lunática.

«Ya hemos pasado». ¿En qué nos hemos pasado?

En confiar en quien no debíamos confiar.

Un día me dijo que tenía mucho morro. ¿Qué más tiene ahora?

Tengo más morro.

De un momento a otro le dirán que se lo pisa...

Fuente

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