Águila Roja

Javier Gutiérrez: “Es más difícil hacer reír a la gente que despertar la vena sentimental”


-¿Conocía este festival?
-No, pero le auguro un muy buen porvenir. El cine no son solo las películas de grandes presupuestos, esto también es cine y la calidad de los cortos que hay en este país es superior a las del mundo del largo. El año pasado fue una buena cosecha para el cine español, creo que hay media docena de películas muy interesantes pero a lo largo de una temporada podemos ver decenas de cortos de muy buen nivel. Es importante la cantera en el mundo del corto porque el salto al largo es inminente, solo hace falta un poco más de apoyo, de financiación. Muchas veces un proyecto es una cara, ni siquiera una buena idea.

-¿Se es más mercenario en el largometraje?
-Hay muy buenos guiones, pero los guiones interesantes que me apetece contar tienen que ver con el mundo del corto. Luego ya me encargo yo de llenar mi cuota como actor en el teatro o en la televisión. Con esto no quiere decir que en el largo no se hagan cosas buenas.
– Hace teatro, cine y televisión ¿en qué registro se siente mejor?
-Prefiero el teatro porque creo que es el lugar natural del actor, es donde uno es más dueño de todo el proceso creativo. Tanto en el cine como en la televisión somos meras piezas de un puzzle, pero si hay una buena historia y un buen personaje me da igual el medio.

-El teatro le ha reportado un premio Max, ¿qué supuso?
-Muchas cosas. Para empezar el reconocimiento del medio de la profesión y eso es muy gratificante. Significa la recompensa a mucho esfuerzo. Pero los premios son un arma de doble filo, no creo que los trabajos premiados siempre sean los mejores, es la opinión subjetiva de un jurado.

-¿Qué le reporta el premio a la mejor interpretación?

-Es muy gratificante porque suelo hacer comedia, aunque me gustaría hacer mucho más drama, y este papel es más dramático. Me produce satisfacción ver que me puedo enfrentar a personajes dramáticos y resolverlos. Es más difícil hacer comedia y está infravalorado.

-¿Por qué es más difícil?

-Es mucho más complicado hacer reír a alguien que despertarle la vena sentimental. Además se está confundiendo la buena comedia con el humor zafio. La generación de Fernán Gómez, López Vázquez o Pepe Isbert, que han dejado un gran vacío y cuyo testigo las nuevas generaciones no hemos recogido. Somos muy pocos actores los que valoramos ese trabajo. Ahora el espejo de muchos actores jóvenes es el modelo americano.

-¿Se siente encasillado en el papel de cómico?
-Los actores no podemos pelear con nuestro físico. Soy un tipo de un metro sesenta escaso con una cara muy del montón y es lo que me ha tocado. Si midiera un metro noventa y me pareciera a George Clooney estaría encabronado porque me llaman para hacer papeles cómicos y no de galán. Algo inteligente de los actores es saber situarnos o dónde nos sitúa el espectador. Hay que explotar la naturaleza de uno porque la herramienta de trabajo es su cuerpo. Al Pacino no creo que sea más grande que yo pero es un cómico fabuloso, aunque también hace drama, pero tiene la suerte de que le lleguen guiones que a mí no me llegarán nunca.

-¿Proyectos en marcha?
-Empecé esta semana a rodar «Águila Roja» y cuando terminé empezaré a rodar «El alzamiento nacional», que no va sobre la guerra civil sino sobre el cine porno y está producida por Nacho García Velilla. A la par voy a producir una obra de teatro, «Contraacciones», que es de un autor muy joven inglés y que habla de las multinacionales, de como aniquilan la voluntad del individuo Luego comenzaré la cuarta temporada de «Águila Roja» y después haré un proyecto que me ilusiona mucho, «Woyzeck», en el Centro Dramático Nacional.

-¿Y todo esto usando los cinco días laborables oficiales?
-Y tengo un hijo, al que quiero mucho, le cambio los pañales y le hago la comida. Ser actor es una forma de vida y yo lo soy las veinticuatro horas del día.

-¿Es tímido?
-Los actores somos grandes tímidos. De hecho yo soy actor casi de una forma terapéutica, para vencer mi timidez. Yo apenas hablaba en el colegio pero llegaba a casa y era capaz de imitar a todos mis vecinos, eso sí, cuando salía de casa me convertía en un caparazón.

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